Durante diez días he estado viajando
por el sur de España. Y ningún problema.
Claro que alguien puede decir que como
mi coche tiene matrícula andorrana...
No nos llevemos a engaño, porque
cuando andas por la calle no llevas la matrícula y si hablas catalán
nadie se imagina que eres andorrano, sino que piensan que eres
catalán.
Mi experiencia me ha confirmado lo que
ya sabía: que los españoles están muy al margen de los avatares
políticos. Es más: creo que ya están hartos de discursos
incendiarios y de batallas por conseguir el voto errante, de dimes y
diretes, de disputas de café barato, de palabrería sin contenido y
de grandes manifestaciones sin ningún argumento para apoyarlas.
Lo dije hace tiempo. Si Catalunya
decide que quiere separarse, España entera tendrá que dar las
gracias a su gobierno. Entre el Sr. Wert y el Sr. Montoro, bajo el
manto protector del Sr. Rajoy y con el beneplácito y la aquiescencia
de la Sra. Cospedal, amparada y llevada en volandas por todos los que
la aplauden, van a conseguir lo que, según algunos, comenzó como la
“tontería” de unos cuantos con calentura mental, siguió como un
“sueño” de otros tantos que, según otros, querían recuperar lo
perdido en batallas ancestrales, se convirtió en una “bandera”
enarbolada por ciertos grupos políticos, se despertó como una
“posibilidad” acariciada por sectores enteros de la población y
ahora, gracias a los esfuerzos impagables de los políticos que
gobiernan en España, corre el riesgo de ser una “realidad”.
Cada vez que el Sr. Wert o el Sr.
Montoro o la Sra. Cospedal abren la boca para hablar de Catalunya a
mí me da la sensación de que nacen nuevos militantes de esa
tendencia que despectivamente tildan de “independentista”.
Aunque, lo que nació como una “sensación” se está convirtiendo
en “constatación” al hablar con gente que hace unos meses me
decían que toda esta historia era una “locura” y que ahora les
parece la única solución con “cordura”.
Me imagino que la política del Sr.
Rajoy, vista su actuación estelar en las pantallas, consiste en
aplicar la sabiduría catalana que dice “dia que passa, any que
empeny” (Día que pasa, año que empuja) y dejar correr el tiempo a
la espera de que todo se arregle. Entonces podrá salir a la palestra
(que no a la pantalla) para alardear de que todo ha sido gracias a
su política y a sus decisiones.
Pero, ahora, en mitad de tanto
desbarajuste hace su entrada en escena el Sr. Aznar. Y se presenta
cual Cid con su espada Tizona.
Hay quien dice que no quiere verle
regresar ni en pintura, que da miedo. Si yo fuese catalán y tuviese
claro que quiero mi libertad, me hincaría de rodillas y rezaría
para que el Sr. Aznar regresara. Vista su actuación pasada y sus
declaraciones recientes, no creo que haya nadie más indicado que él
para liderar una campaña tendente a conseguir que todos los
indecisos se decanten del lado independiente.
¡Uf! ¿Se van a separar Catalunya y
España? Pues... yo diría que lo que fue calificado como una
“tontería” puede tener más visos de “realidad” de lo que
nos imaginamos. Las encuestas hablan y apuntan que la balanza ha
empezado a moverse.
¿Quién la mueve? ¡Ah! A veces se quiere conseguir un efecto y se obtiene justamente el contrario. Cuando a alguien lo aprietan y no le dejan ninguna salida, lo normal es que acabe por reventar la pared.
¡En fin! Más vale que abramos los
ojos y despertemos o luego tendremos que lamentar.